RECURSOS PARA TRABAJAR

LA INTELIGENCIA ESPIRITUAL

1.- La iniciación de los niños a la atención plena

 

Para iniciar al niño a la vida espiritual es necesaria la práctica de la atención y de la consciencia plena. Viktor Frankl afirma que para conseguir una «existencia con sentido», es necesario gozar de una atención plena de lo que se hace y se vive.

 

La consciencia y atención plena consiste en la habilidad de estar atento a lo que le rodea y obtener una «sensibilidad espiritual», ésta permite recibir estímulos desapercibidos para otros, saber reconocerlos e interpretarlos.

 

Animar a los niños a cuestionarse sobre sus creencias convencionales y a lo que denomina Francesc Torralba en su libro Inteligencia Espiritual, saber tomar distancia para superar cualquier tentación fanática o fundamentalista.

 

Despertar emociones y sentimientos trascendentes, respetándose a sí mismo (su cuerpo), los otros y la naturaleza. El sentimiento que germina es el de agradecimiento interior y personal por la familia, los amigos y la creación.

 

La atención plena transporta al individuo a una singular percepción, donde se puede trabajar con el concepto de Dios y los mensajes que proceden de Él. El niño debe aprender a percibir a Dios en las pequeñas cosas. El mensaje cristiano es el Dios que está siempre a su lado.

 

Toda la belleza del exterior nos puede ayudar en este cometido. La naturaleza y la belleza de la vida son elementos que pueden expresar a Dios. «En lo profundo de su conciencia la persona descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándolo siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el ser humano tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia está la dignidad humana y según la cual será juzgado (Rm 2, 14-15)» (GS 16)

 

La «introspección» nos permite la observación interna de los pensamientos, sentimientos y acciones. Es la capacidad de adentrarse en uno mismo y conocerse, muy vinculada a los procesos psicológicos del autoconocimiento, autoestima y autoconcepto.

 

El objetivo es que el niño aprenda a sentir a Dios en el silencio, en la soledad de uno mismo, la interiorización de las vivencias personales son importantes, porque a través de ellas se puede llegar a comprender que Dios le habla en su interior. Una actitud básica para ello es la escucha interior. La persona debe ser consciente de sus pensamientos más profundos.

 

1.1.- Claves para una atención plena y consciente

 

En nuestra sociedad las personas, y, especialmente niños y jóvenes, viven inmersos en un universo de estímulos informativos y publicitarios que no pueden digerir. Una de las claves para trabajar la atención está en rentabilizar al máximo el tiempo educativo, llenarlo de contenido y significado, y esto se realiza dedicando la máxima atención.

 

Las claves de la atención plena son la escucha atenta y dispuesta. Existen cuatro tipos de atención:

 

1.-la atención cósmica que orienta la persona hacia todo el universo

2.-la atención ética que orienta hacia la otra persona y hace ver sus necesidades

3.-la atención interior, que es la que lleva a escuchar la voz interior, la voz de la conciencia

4.-la atención a lo trascendente, que es la atención a lo Absoluto en medio de todo lo caduco, fugaz y perecedero

 

1.2.- Ejercitar la contemplación

 

n La contemplación activa en el ser humano activa los sentidos. No consiste solamente en observar, implica un grado más de intrusión dentro de uno mismo. Cuando alguien contempla deja de estar frente a la realidad, para perderse en la realidad.

 

La contemplación (meditación) no significa dejar la mente en blanco, sino contemplar los pensamientos interiores, para poder controlarlos y dominarlos, al dominar esos pensamientos seremos dueños de ellos y no enturbiarán nuestra vida. Para Santa Teresa de Jesús la oración contemplativa era la búsqueda de nuestro interior porque Dios nos inhabita y «somos templos del Espíritu Santo» (1 Cor 3,16).

 

Una mirada contemplativa es aquella que alcanza la profundidad de lo real. El teólogo Enrique Martínez nos invita «a saber ver más allá de la superficie, del primer plano, percibiendo la vida, en su fuerza, su valor, su bondad y su belleza. Que esa mirada contemplativa nos abra a la presencia de Dios, desde el momento en que Dios es la profundidad de lo real, la vida de la vida». Y desde el momento en que nos abrimos a la dimensión de profundidad, en la realidad que nos rodea y, sobre todo, en nosotros mismos, nos estamos abriendo a la «presencia ignorada» pero fundante y originante de toda la realidad, que llamamos Dios.

 

El ejercicio de la contemplación requiere tiempo, paz interior, un profundo recogimiento y la capacidad de dejarse sorprender por la realidad. Aunque tampoco está exenta de obstáculos como la dispersión, la velocidad y la superación del ego.

 

El equilibrio de la vida humana consiste en la alternancia entre la acción y la contemplación. La acción por la acción no tiene sentido, pero la contemplación pura quieta que no se traduce en una acción transformadora no corresponde con el seguimiento de Jesucristo.

 

1.3.- Cultivar la admiración por la naturaleza

 

El ejercicio de una consciencia ecológica forma parte de la sensibilización en una educación medioambiental que tiene como fin sensibilizar a los niños del cuidado y el respeto que merece la naturaleza. Respetar toda forma de vida es un imperativo en la construcción de un mundo perfecto. La belleza, la bondad y la unidad del mundo conducen ante todo a una experimentación del Reino de Dios en la tierra.

 

El filosofo y teólogo Francesc Torralba nos habla de que «la persona espiritualmente sensible es capaz de detectar la belleza de las pequeñas cosas, de gozar con lo que ofrece la realidad: un amanecer, el rocío, un rostro en la calle, unas flores amarillas, un atardecer, las trenzas de una niña».

 

Despertar en el niño una actitud de respeto, de admiración, e incluso de reverencia, hacia la creación y hacia todos los seres vivos que la integran es deber de una catequesis integral. Se deben fomentar la visita a lugares naturales, excursiones para el contacto con los elementos de la creación, sol, luna, montañas, árboles, etc… O simplemente tener plantas en el aula de catequesis o animales domésticos en su propia casa, ayuda a potenciar la conexión del niño con la naturaleza, el sentido de respeto y armonía con la creación.

 

La experiencia de la belleza es una de las posibilidades que ofrece la vida, pero que solo puede degustar la persona que ha sido educada en la contemplación. Frank Kafka decía: «la juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza. Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza jamás envejece».

 

Canto de las criaturas de San Francisco de Asís

 

2.- La iniciación de los niños a la oración

 

La iniciación de los niños, adolescentes y jóvenes a la oración es un elemento clave en la educación de la IES en la catequesis. La oración es la expresión máxima del amor de Dios con los hombres. La IES es una forma profunda de espontaneidad, una respuesta a ese centro profundo del ser y al espacio donde está arraigado. Cuando la persona es profundamente espontánea, está con toda naturalidad en contacto con su propio ser interior, con todo lo que forma parte de ese centro. El profesor Torralba señala que la IES nos hace «aptos para entrar y salir de estados de conciencia como la conciencia cósmica, la contemplación profunda, la práctica de la oración y el ejercicio de la meditación».

 

La catequesis es el ámbito adecuado para iniciar a los niños en la oración, debemos despertar el gusto por la oración. La iniciación en la oración no consiste tanto en hablar de Dios, sino en hablar con Dios. El teólogo Torres Queiruga define la oración como «un desahogo, de una búsqueda de contacto con Dios, de proclamar su amor y de agradecer su amparo y grandeza».

 

El niño debe crecer en la fe con tres certezas adquiridas y vividas desde pequeño: la grandeza de Dios, el amor de Dios y la necesidad del Absoluto que tiene el ser humano. Educar en la toma de conciencia de la relación con Dios marca la necesidad de educar en la oración.

 

Diferentes formas de oración ayudan a crecer en la IES: la oración personal o silenciosa y la oración comunitaria. Es necesario que las oraciones que los niños aprendan en la catequesis les sirvan para la vida adulta.

 

La experiencia de oración es central en la vida, misión y enseñanza de Jesús. El niño es capaz y tiene facilidad para orar y la echa en falta, si ha tenido experiencia de ella. Es necesario introducir a los niños en la oración evangélica, ya que la infancia es la mejor edad para que conozcan al Padre de manera experiencial.

 

2.1.- Errores pedagógicos en la educación a la oración

 

En el aprendizaje a la oración podemos caer en algunos errores pedagógicos bastante frecuentes: reducir las oraciones al simple aprendizaje de memoria sin una reflexión de su sentido profundo; deformar el sentido de la oración; obligar a rezar a los niños cuando no están predispuestos; pretender que los niños recen al «estilo adulto».

 

La memorización sobre todo con los niños tiene como objetivo que lleguen a poseer una síntesis de conocimientos y agilicen el cerebro, «el ejercicio de la memoria ha de integrarse armónicamente entre las diversas funciones del aprendizaje» (DGC 154), tales como la reflexión, el diálogo y la interiorización.

 

2.2.- El Oratorio

 

El Oratorio consiste en una experiencia de encuentro con Jesús. El objetivo fundamental del Oratorio es que los niños, jóvenes o mayores que participen de él tengan una experiencia de Dios en la oración. También ayudar a los niños a creer en la presencia de Jesús en sus vidas y dejarles que se relacionen con Él. Si dejamos al Espíritu Santo trabajar en ellos, los catequistas serán los testigos privilegiados de una perfecta armonía y vitalidad de los niños con la divinidad.

 

No se trata de adoctrinamiento, de contenidos explicados, aprendidos y memorizados. Es el mismo Jesús que quiere encontrarse con los niños y que los niños tengan un encuentro con Él. «Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniéndoles las manos» (Mc 10,13-16)

 

Sabemos que Jesús vive en la Iglesia, en ella y por ella en el Mundo y para el Mundo. Por eso, nuestro encuentro con Cristo se debe realizar en la presencia real de Jesús en medio de nosotros, y ésta, es en el Sagrario.

 

Lugar del Oratorio

 

El lugar es muy importante, sobretodo en esta época en la que vivimos inmersos en la cultura de la imagen y del diseño. Debe ser un lugar bien preparado y digno, lugar bello y silencioso, dónde se una el Misterio con lo atractivo, donde nada sobre y nada falte. Bien iluminado, con la posibilidad de que en algún momento del transcurso de la oración se baje la intensidad de la luz y se cree un ambiente de magia y de misterio a la vez que propicie el silencio y la intimidad con Dios.

 

Es un lugar donde los signos deben tener importancia y deben estar bien elegidos, es el lugar dónde la experiencia de Dios se hará presente y la presencia de Jesús habitará en la comunidad orante. Será el lugar de los signos del Señor a los que se acerquen a Él.

 

Estará presente el Sagrario con el cuerpo de Cristo, en lugar visible para que los niños con su mirada puedan dirigirse fácilmente a él, para contemplarlo. En el centro del Oratorio, habrá una alfombra, este espacio cuadrado nos indicará lo sagrado, será un espacio que se respetará y no se pisará, en él se colocaran la Biblia y el Cirio Pascual. Es importante insistir a los niños que no pisen el espacio sagrado, esto ayudará a los niños a distinguir y respetar los distintos espacios que tiene la vida.

 

Rodeando la alfombra, se colocarán unas sillas dejando entre ellas un espacio suficiente para desplazarse sin entorpecer al vecino. Las sillas deben estar preparadas a la medida de la altura del niño en vistas a que los pies toquen el suelo.

 

El Oratorio debe estar presidido por una imagen de Jesucristo ya sea en la cruz o en la forma de resucitado. La imagen de la Virgen María con el niño en brazos es muy sugerente para los niños, recuerda la infancia y la historicidad de Jesús, debería estar presente en algún lugar señalado.

 

También hay que guardar un lugar para la sede del que preside la oración, y a su lado una banqueta para el catequista, padre o madre que acompañen la oración.

  

3.- La iniciación a la narración y al mito

 

Narrar es comunicar con palabras una historia real o ficticia, intentando que, por la entonación de la voz, el gesto, la actitud, los silencios, atraiga la atención de los oyentes, penetre en cada una de las personas y haga brotar sentimientos, expresiones y actitudes que de alguna manera afloran en su propia vida.

 

El lenguaje narrativo se centra en las emociones, en la imaginación y en las intuiciones, se expresa creando símbolos y metáforas y deja de lado todo lo relacionado con lo racional y lo argumentado.

 

La neurociencia ha descubierto que el lenguaje narrativo está asociado a los centros de lenguaje del hemisferio cerebral derecho y en conexión con otras regiones del cerebro. Mediante este lenguaje la persona ordena experiencias y construye la realidad. Aparecen los deseos, las ilusiones, la gratuidad, los compromisos, las creencias, la pasión, los errores, el absurdo, las fantasías, también la memoria y el olvido, el espacio y el tiempo, y lo fundamental la razón, la verdad, la justicia, la esperanza y el amor, porque la vida no es solo aquello material o lo que se puede medir.

 

Durante toda la humanidad han surgido cuestiones metafísicas acerca del origen, totalidad y sentido de la vida. Todas aquellas preguntas que la ciencia no ha sabido responder se han intentado tratar con un lenguaje narrativo. Las sabidurías, religiones y filosofías son las que tradicionalmente se han enfrentado y respondido a estas cuestiones utilizando un lenguaje más narrativo que argumentativo. Han utilizado el relato simbólico o el mito para ofrecer una visión del mundo, desvelar una realidad, proporcionar o construir una imagen gráfica de un mundo con sentido.

 

La iniciación en la IES en la catequesis ha de optar por una pedagogía narrativa, que ponga a la persona en relación viva con el Señor a través de historias. El mismo proceso por el que nos ha llegado el testimonio de los evangelios es un buen ejemplo de ello.

 

3.1.-Tres tipos de narraciones en la catequesis

 

La narración catequética hace confrontar el niño o adulto con sus propias vivencias existenciales, por tanto, la narración no solo ayuda a la autocomprensión, sino que estimula una transmisión crítica y productiva de las experiencias bíblicas cristianas.

 

Destacamos tres tipos de narraciones catequéticas:

 

1.-Las narraciones bíblicas

2.-Las narraciones de la propia vida

3.-Las narraciones de mitos, cuentos y parábolas

 

3.1.1.- Las narraciones bíblicas

 

La narración de relatos bíblicos es uno de los principales lenguajes en la Biblia. En ella no se narra una doctrina, ni una fábula, ni mucho menos un cuento. Se narra la experiencia del amor salvador de Dios, vivida y transmitida por los testigos directos de los acontecimientos o por personas cercanas a ellos.

 

Es una narración hecha por hombres y con lenguaje humano, cuyo centro es Dios actuando en la historia de los hombres. Gracias a la narración, el que escucha y el que habla quedan implicados en la historia que se narra y pueden descubrir que su propia experiencia, su historia personal o su historia colectiva es parte de un proceso que se inició en el pasado y que encontrará su plenitud en el futuro.

 

No olvidemos que comunicar la fe no es transmitir un saber sobre Dios, sino una experiencia personal o comunitaria de encuentro con Él, que hay que situarla en el contexto de la Historia de Salvación. La fe es una historia de relatos, la Dei Verbum indica que la historia de Dios se ha realizado a través de «gestos y palabras». El Credo que profesamos juntos cada domingo contiene estos relatos.

 

Robert Coles señala: «los relatos de la Biblia y de otros textos sagrados de la humanidad no se reducen a un mero simbolismo que permite a la vida emocional expresarse. Estas historias religiosas inspiran literalmente a los niños, incitan su espíritu a desarrollar sus pensamientos y sus fantasías y les ayudan a progresar en madurez y a convertirse en más reflexivos, más seguros de sí mismos».

 

Se trata, también, de poner el niño en contacto con Dios, de procurar que el niño escuche a Dios. Es necesario que la Palabra de Dios aparezca como una verdadera «Buena Nueva». Aquí tiene un gran papel la vivencia cristiana del catequista y la presentación del mensaje.

 

3.1.2.- La narración de la propia vida

 

La experiencia de narrar la propia vida, un acontecimiento, una etapa clave, una situación, favorece la toma de conciencia personal de lo que pasa o está pasando, y la posibilidad de una auténtica comunicación no teórica sino vivencial. A la vez, aumenta la capacidad para ir descubriendo el paso de Dios en la vida, su presencia, su acción bondadosa y misericordiosa.

 

Narrando su propia historia los niños se sitúan ante sí mismos, dan nombre a lo que les sucede, profundizan en ello y construyen significados.

 

3.1.3.- Los mitos, cuentos y parábolas

 

Constituyen una forma de narración peculiar, que atrae la atención de los niños de tal forma que éstos pueden llegar a identificarse, en cierta manera, con algunos de los personajes que aparecen e incluso con la situación narrada.

 

Los cuentos constituyen el medio de sedimentación de las experiencias, trascienden el ámbito de los individuos para pasar a ser la historia de los pueblos. Los cuentos transmiten valores, ideas y están hechos para enseñar y aprender, de ahí su anonimato, su antigüedad, su universalidad y su sociabilidad.

 

El niño en edades tempranas todavía no separa la ficción de la realidad. La narración, el cuento, el mito y la parábola son herramientas con un potencial extraordinario para desarrollar capacidades como la imaginación y la memoria, pero también su espiritualidad.

 

4.- La iniciación de los niños a la filosofía

 

La necesidad de cultivar el ejercicio de la filosofía es otra de las estimulaciones necesarias para la capacidad de la IES. No solo se refiere a la actividad filosófica del conocimiento, sino en la del ser más íntimo. Cuando un niño razona, argumenta, deduce e induce, se conoce más a sí mismo y aprende a tomar distancia de la realidad, a trascender lo material y a formularse preguntas cruciales sobre el sentido de su existencia.

 

El hombre es un ser que se pregunta constantemente y que hace camino a lo largo de su existencia pasando del asombro a la reflexión. Somos filósofos por naturaleza y los interrogantes que se han venido haciendo a lo largo de la historia sobre su existencia no nacen de la simple curiosidad científica, orientada a incrementar su saber o su conocimiento, sino que más bien parten de los problemas antropológicos del hombre.

 

En los antiguos, el filosofar consistía en ejercitarse en el arte de vivir, es decir, vivir consciente y libremente. El filósofo Aristóteles decía: «la filosofía nace de la capacidad que tiene el hombre de asombrarse».

 

Para filosofar se necesita la interrogación, la capacidad de preguntar, de cuestionarlo todo, de no suprimir ni censurar nada por diferente o extraño que sea. Kant defiende que el criticismo es inherente a la filosofía, que filosofar es criticar, pero, sobre todo, someterse a sí mismo a la crítica.

 

Como describe el filosofo Francesc Torralba en su libro Los maestros de la sospecha. Marx, Nietzsche, Freud, el filosofar es un «huésped inquietante», «un despertador mental que nos salva de la inercia de la razón, de la tendencia a recorrer los mismos lugares y a circular por los mismos territorios». Es un estímulo intelectual y un compañero que nos exprime el pensamiento y de esta manera nos ayuda a ganar en autonomía y a convertirnos en mayores de edad.

No se trata de presentar temas de filosofía para que los niños puedan entenderlos, el objetivo del ejercicio de filosofar es que los niños liberen su pensamiento, que ordenen sus argumentos y expresen correctamente lo que sienten, piensan e imaginan. El pensador Wittgenstein señaló «imaginar un lenguaje supone imaginar una vida». Se preguntarán sobre su mente, sobre qué es la realidad, qué cosas son las justas y por qué debemos ser justos.

 

Filosofar con niños activa la IES, pero también las otras inteligencias que nos proponen Howard Gardner y Daniel Goleman, y habilitan sobre conceptos básicos en la filosofía y la vida como los valores de la verdad, la realidad, el ser, la belleza, el bien y el mal, el orden y la unidad.

 

4.1.- Practicar el diálogo

 

El cultivo del diálogo abierto al otro, es la manera que tenían los antiguos maestros para enseñar a sus alumnos. El «diálogo socrático» era el método descrito por Platón donde se debate y se utiliza la dialéctica o demostración lógica para la indagación o búsqueda de nuevas ideas o conceptos.

 

Los grandes maestros espirituales hablaban con sus discípulos a través del diálogo: Confucio, Buda, Jesús, Sócrates, etc. «Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2,46-47)

 

Dialogar es abrirse al otro, aprender a modificar los comportamientos, a rectificar las opiniones si hay que rectificarlas. Es, en definitiva, una labor espiritual que trasciende las palabras, los gestos y los silencios; es una búsqueda de la verdad. En el diálogo se necesita conocerse a sí mismo para responder al otro.

 

4.2.- Practicar el cuestionamiento

 

Una de la características de la IES es preguntarse por las cosas que suceden a lo largo de  la vida. El niño desde muy pequeño manifiesta un cierto cuestionamiento con todo lo que ocurre, se hace preguntas. Es bueno ayudar en esa tarea a preguntarse por el sentido de la vida, ¿quién es? ¿cómo se creó todo? ¿de dónde vienen las primeras personas? ¿dónde están los familiares que murieron?.

 

Con las preguntas y respuestas más o menos acertados, el niño profundiza en su ser buscando una respuesta y habilitando su capacidad de pensar, filosofar e imaginar algo que trasciende la simple realidad, esto es el deseo espiritual.

 

4.3.- Búsqueda de la verdad

 

Las preguntas que constantemente realizan los niños están motivadas por su preocupación por saber y encontrar la verdad. «Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Estimular a los niños el interés por descifrar los misterios de la vida y encontrar respuestas a los interrogantes más complejos es tarea de la educación en la IES.

 

La catequesis no puede dar respuestas «enlatadas» a preguntas realizadas por los niños, primero debe desarrollar su espíritu crítico e investigador, aprender a usar la razón. Se debe prestar información abundante y adecuada al nivel evolutivo para que las personas puedan desarrollar el proceso de búsqueda de la verdad.

 

Un estudio del americano Wiliam Gloser en la The quality School sobre la comprensión de las cosas afirma: la persona humana comprende el 10% de lo que lee; comprende el 20% de lo que escucha; comprende el 30% de lo que ve; comprende el 50% de lo que ve y oye a la vez; comprende el 70% de lo que discute; comprende el 80% de lo que experimenta personalmente; y comprende el 95% de lo que enseña a alguien.

 

4.4.- Hablar de Dios a los niños

 

Cada vez más resulta difícil oír hablar de Dios entre los sacerdotes, religiosos y catequistas. En las reuniones, encuentros religiosos y en las catequesis se tiende más a escuchar la voz oficial de la Iglesia y de sus representantes con una carga moral, asistencial, social y política.

 

Hoy día parece que las normas y leyes eclesiásticas son las cuestiones que más movilizan a la jerarquía y a los fieles. En cambio se habla poco de Dios, de su presencia, de su compañía, de su significado, de la experiencia que cada persona tiene de Él. En la actualidad los cristianos repiten como «loros» la doctrina tradicional, sin actualizarla y sin que se vincule a una experiencia o vivencia personal, que compromete a toda la persona como testigo de Jesucristo.

 

Es necesario hablar con los niños de Dios, de los distintos dioses en cada religión, de las cualidades e imágenes, de los distintos rostros de dios. Deben preguntarse ¿en quién creen? ¿en qué creen? ¿qué contenido dan a sus creencias? ¿cómo inciden en su vida?

 

4.5.- Hacer teología con los niños

 

En el diálogo es bueno «hacer teología» con los niños, ahondar sobre qué visión tienen de Dios, qué imágenes de Dios dibujan en su cerebro. Ésta será una de las claves que condicionarán el futuro de la madurez en la espiritualidad y la religiosidad del adulto.

 

Es importante «hacer teología» y hablar de Dios con los niños y jóvenes porque resulta imposible comprender el arte, la historia, la filosofía, la literatura, las construcciones arquitectónicas o pictóricas sin la palabra «Dios».

 

«Hacer teología» con los niños no consiste en iniciarlos a una ciencia religiosa con unos contenidos ya estipulados, ni tampoco un adoctrinamiento doctrinal. Sino cuestionar, dialogar y aprender unos de otros, para una apertura mental, porque los niños están abiertos a la dimensión espiritual y trascendente.

 

4.6.- El Atrio de los niños

 

Esta iniciativa de la Santa Sede corresponde a la versión infantil del Atrio de los Gentiles propuesto por el Papa Benedicto XVI. E​s una llamada al diálogo y a responder las preguntas que todo niño se hace. Preguntas sobre la vida, la muerte y sobre todas aquellas cosas que están entre el cielo y la tierra.

 

Es una actividad para promover el diálogo entre creyentes y no creyentes. Pero aquí la atención se dirige a los más pequeños, para enseñarles a vivir el futuro que les espera, con entusiasmo, sencillez y curiosidad.

 

Los niños en el Atrio exponen su punto de vista sobre los grandes temas que interpelan a la sociedad: desde la iniciativa «Diseña tu isla» (Palermo 2012), hasta aventurarse con «Los días de la creación y el Big Bang» (Asís 2012).

 

5.- La iniciación a la liturgia

 

Educar en el arte de la liturgia es otro de los métodos de la educación en la IES. Según el profesor de liturgia Luís Maldonado, «la acción litúrgica es un lenguaje multimedial e interactivo de tipo simbólico y lúdico que introduce dentro de una experiencia estética religiosa la diferencia en la que quedan rotos los vínculos de lo cotidiano y el fiel accede a la alteridad de lo Sagrado».

 

La iniciación de los niños a la liturgia tiene cuatro características:

 

1.-Progresiva: la iniciación debe ser evolutiva, de las cosas más simples a las realidades más inexplicables

 

2.-Basada en la fe, y no en el razonamiento, se trata del misterio de la fe y no de cosas que la razón puede describir

 

3.-Dinámica, no se trata de una lección o de hablar de ideas, sino de un aprendizaje, activo y orante

 

4.-Concreta, la liturgia no es para ser escuchada, pensada o seguida, es para ser participada y vivida, lo que cuenta es la experiencia en la vida.

 

El Directorio General de Catequesis afirma: «la catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental. A menudo, sin embargo, la práctica catequética muestra una vinculación débil y fragmentaria con la liturgia: una limitada atención a los signos y ritos litúrgicos, una escasa valoración de las fuentes litúrgicas, itinerarios catequéticos poco o nada conectados con el año litúrgico y una presencia marginal de celebraciones en los itinerarios de la catequesis» (DGC 30)

 

Y continua diciendo: «la catequesis litúrgica prepara a los sacramentos y favorece una comprensión y vivencias más profundas de la liturgia. Esta catequesis explica los contenidos de la oración, el sentido de los gestos y de los signos, educa para la participación activa, para la contemplación y el silencio. Debe ser considerada como una forma eminente de catequesis» (DGC 71)

 

5.1.- Los signos y gestos

 

Los signos y gestos son vitales en la comunicación humana, los gestos impresionan más que las palabras, el gesto puede ayudar a mejorar el estado interior. Jesús, fue el gran gesto de Dios a la historia de la humanidad.

 

El gesto es importante en la catequesis de niños, es mucho más significativo que la palabra, los niños, sobre todo los pequeños, necesitan muchos más gestos para expresarse. La catequesis debe procurar que los niños vivan los gestos religiosos que realizan con autenticidad y sinceridad de modo que se corresponda con su interior. Los gestos como: de rodillas, de pie, inclinados, manos abiertas, rostro en tierra, pretenden que con el cuerpo y la expresión corporal puedan alabar a Dios y entrar en el Misterio de su presencia.

 

5.2.- La celebración

 

En la iniciación litúrgica los niños se integran a la oración comunitaria, por lo que toda catequesis debe estar impregnada de celebración. La celebración tiene un carácter festivo, celebrar es agradecer la vida misma, es gozar y disfrutar de la historia compartida. Se celebra lo que se comparte con otros. Las fiestas son el mejor ejemplo experiencial para vivir el sentido de la vida.

 

La celebración en el contexto religioso toma verdadera importancia, se celebran las acciones realizadas por el individuo, el grupo y por Dios. Hay que empezar a valorar acciones simbólicas que son expresión de la vida de fe.

 

Mediante la participación activa en una celebración, el niño va aprendiendo a asumir una responsabilidad en el ejercicio de la misma, por tanto, hay que procurar que los niños vivan los gestos religiosos que realizan y enseñarles que estos gestos responder a actitudes interiores.

 

Los niños no pueden acudir a una Celebración de la Eucaristía si antes no se les ha explicado con detenimiento que es lo que se celebra. Todo gesto litúrgico utilizado en las celebraciones y vivido con intensidad por los niños ayudará de manera muy especial a establecer una comunicación profunda y auténtica con Dios Padre.

 

En la catequesis son muy importantes elementos como: la Palabra de Dios, el grupo, la comunidad o asamblea, el motivo para celebrar, el gesto sacramental, un clima festivo, la oración, y el compromiso personal y comunitario.

 

5.3.- Los elementos litúrgicos

 

Los elementos litúrgicos que intervienen en la celebración tienen vital importancia y deben ser conocidos y explicados progresivamente: el altar, el cáliz, la patena, el copón, las velas, la cruz, las vestimentas litúrgicas, los colores litúrgicos, el fuego, el incienso, las campanas, etc.

 

6.- La iniciación al Sacramento de la Reconciliación

 

En la realidad infantil se producen innumerables situaciones de conflicto en las que debe intervenir el adulto, el saber pedir perdón y perdonar garantiza un desarrollo en la IES. Cultivar la reconciliación es aprender a perdonar.

 

En las situaciones de enfado o pelea que son algo habitual en los niños, es interesante que el niño perciba y sienta de una manera especial que cuando se enfada con los demás se rompe la armonía, la amistad y el cariño, y se siente triste. De esta manera también es importante que experimente el gozo de la reconciliación, la vuelta a la amistad y al cariño. El arma más poderosa contra el mal (terrorismo) es el perdón.

 

Aprender a pedir perdón es una actividad que requiere el manejo de ciertas habilidades emocionales de las que hay que dotar al sujeto. Aprender a perdonar pone en juego la empatía y la habilidad en la conducta interpersonal, la negociación y la resolución de conflictos.

 

En el Sacramento de la Reconciliación el niño descubre la presencia de Dios, Padre que ama y siempre perdona, incluso a él, y que le invita a hacer las paces. Educar en la reconciliación es una manera de experimentar la misericordia y el perdón de Dios.

 

Para el psiquiatra Robert Cloninger, la IES abarcaría «la capacidad de trascendencia del ser humano, el sentido de lo sagrado o los comportamientos virtuosos que son exclusivamente humanos, como el perdón, la gratitud, la humildad o la compasión».

 

La IES genera la consciencia cósmica o relacional, que consiste en sentirse parte de una unidad con todos los seres humanos y no humanos. «El cultivo de la misma libera de la cárcel del ego, rompe las fronteras entre lo que soy y lo que me separa del mundo en un movimiento de perdón, de generosidad, de entrega, de desasimiento y amor.

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