MEJORAR LA IES

Vamos a exponer algunas claves personalizadas que nos ayudaran a mejorar nuestra Inteligencia Espiritual.

¿Cómo mejorar nuestra Inteligencia Espiritual?

La práctica de la soledad y la serenidad (I)

 

Vamos a exponer algunas claves personalizadas que nos ayudaran a mejorar nuestra Inteligencia Espiritual. La primera clave es la practica asidua de la soledad. Separarse del mundanal ruido y centrarse en la soledad y el silencio de uno mismo ayuda al equilibrio de la persona. Muchas veces el vacío interior es lo que impulsa a la sociedad a desplazarse alocadamente de un lugar a otro.

 

En casa se enciende la televisión, en la habitación se enchufa la radio, en la calle se utilizan los casos y el móvil, todo para evitar el silencio. Queremos estar conectados a las redes sociales para no sentirnos desplazados de los demás, sentimos pavor en los lugares donde no hay cobertura, y existe una fobia a la desconexión.

 

Cuando una persona reconoce la soledad como una amiga, el trato consigo mismo se convierte en costumbre y en una segunda naturaleza. En la soledad la persona toma conciencia de uno mismo y descubre su interior, los pensamientos, sentimientos, comportamientos y motivaciones profundas que lo mueven, cabeza, corazón y manos. La serenidad es un experiencia que debería estar presente en la vida espiritual del cristiano y solo se consigue con la practica asidua de la soledad, es la condición de posibilidad de un buen aprendizaje y de una buena concentración. Separarse del mundanal ruido y centrarse en la soledad y el silencio de uno mismo ayuda al equilibrio de la persona.

 

Existen dos tipos de soledad: la buscada y la obligada. La buscada está bien, pero la obligada puede llegar a ser mejor si se cultiva adecuadamente. En la soledad obligada se pone en marcha el mecanismo que serena el espíritu y le exige la práctica del desapego y del desprendimiento. Cuando alguien quiere tenerlo todo atado y bajo control, pierde la serenidad que da el desapego. Vivir el desprendimiento de los objetos, de las personas y cargos, de relativizar todo lo que es relativo y vivir los vínculos desde la distancia emocional es lo que da valor a la vida.

 

Dedicar un tiempo al silencio durante la semana puede ser muy enriquecedor para potenciar nuestra Inteligencia Espiritual.

Buscar el gusto por el silencio (II)

Para mejorar nuestra IES debemos cultivar el gusto por el silencio. En el silencio el hombre puede preguntarse sobre cuestiones de la vida y puede tener experiencias que se puedan conectar con la vida espiritual. En las grandes tradiciones religiosas el silencio tiene un fondo muy importante, desde la meditación, la oración, el hombre conecta con Dios y con el mundo. El silencio permite escuchar, acoger, recibir y hospedar la Palabra liberadora.

Una persona es creyente si reza, si dialoga con Dios, si hace silencio para escuchar su Palabra. La oración es el primer paso para la adhesión incondicional a la autodonación de Dios. A través de la palabra, el gesto y el silencio, se llega a la unión con el trascendente. ¿Cuánto tiempo hace que no has hablado con Dios? ¿Cómo puedes contagiar a Dios si estás alejado de él? Dios está en todas partes, pero sólo se oye en el silencio y la oración.

Cuando una persona vive plenamente el silencio tiene posibilidad de entender las complejidades de la vida, las potencialidades y las debilidades personales. Etty Hillesum una mujer judía que vivió en campo de concentración nazi y encontró en él la muerte, describía de esta manera su silencio: «Creo que debo hacerlo: por la mañana, antes de empezar a trabajar, "meterme en mi interior", escuchar lo que hay dentro de mí. Sumergirme dentro de mí misma. También se le puede llamar meditar [...] El ser humano se compone de cuerpo y alma, y una media hora de gimnasia y otra media de "meditación" puede ser la base de un fundamento sólido para la tranquilidad y la concentración de un día entero [...] La finalidad de la meditación debería ser: convertirse por dentro en una gran y amplia llanura, sin un alevoso matorral que impida la vista. Que crezca algo de "Dios" dentro de uno mismo, tal como hay algo de "Dios" en la Novena Sinfonía de Beethoven. Que también surja algo de "amor" por dentro, no un amor de lujo de una media hora en el que sumirse con orgullo gracias a un par de sentimientos sublimes, sino un amor con el que poder influir en las pequeñas acciones cotidianas.»

En el silencio nos autodescubrimos, vemos con claridad nuestra vida, lo que hacemos y lo que no, la calidad de nuestra existencia y lo que Dios y el prójimo esperan de nosotros. Dedica una hora a la semana para hacer silencio, busca un lugar de tu casa y preparado con algunos detalles importantes: una Biblia, un vela, una imagen de Jesús a la cual te puedas dirigir, repítelo cada semana con constancia, mejorará tu visión interior y tu visión del mundo.

Ejercitar la contemplación (III)

Ejercita la contemplación durante tu vida cotidiana, muchas veces vivimos demasiado rápidos para pararnos a contemplar, la contemplación activa y trasciende los sentidos del ser humano. No consiste solamente en observar, implica un grado más de intrusión dentro uno mismo. Cuando alguien contempla deja de estar enfrente de la realidad, para perderse en la realidad.

El Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes 16 dice: «En lo profundo de su conciencia la persona descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándolo siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el ser humano tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia está la dignidad humana y según la cual será juzgado (Rm 2, 14-15)»

Una mirada contemplativa es aquella que alcanza la profundidad de lo real. Saber ver más allá de la superficie, del primer plano, percibiendo la vida, en su fuerza, su valor, su bondad y su belleza. Y esa mirada contemplativa nos abre a la presencia de Dios, desde el momento en que Dios es la profundidad de lo real, la vida de la vida. Y desde el momento que nos abrimos a la dimensión de profundidad, en la realidad que nos rodea y, sobre todo, en nosotros mismos, nos estamos abriendo a la «presencia ignorada» pero fundante y originante de toda la realidad, que llamamos Dios.

Esta técnica requiere tiempo, una paz interior, un profundo recogimiento y la capacidad de dejarse sorprender por la realidad. Pero tampoco está exenta de obstáculos como la dispersión, la velocidad y la superación del ego.

 

El equilibrio de la vida humana consiste en la alternancia entre la acción y la contemplación. La acción por la acción no tiene sentido, pero la contemplación pura, quieta, que no se traduce en una acción transformadora no corresponde a la opción por Jesucristo.

El ejercicio de filosofar (IV)

La necesidad de cultivar el ejercicio del filosofar es otra de las estimulaciones necesarias para mejorar nuestra capacidad de la IES. No sólo se refiere a la actividad filosófica del conocimiento, sino en la del ser más íntimo. Aristóteles decía: «La filosofía nace de la capacidad que tiene el hombre de asombrarse».

El hombre es un ser que se pregunta constantemente y que hace camino a lo largo de su existencia pasando del asombro a la reflexión. Somos filósofos por naturaleza y los interrogantes que se han venido haciendo a lo largo de la historia sobre su existencia, no nacen de la simple curiosidad científica, orientada a incrementar su saber o su conocimiento, sino que más bien parten de los problemas antropológicos del hombre. El filosofar es aprender a desprenderse de uno mismo de tus ideas y pensamientos, someterse a la crítica y crecer, la persona no nace libre.

 

En los antiguos, el filosofar consistía en ejercitarse en el arte de vivir, es decir vivir consciente y libremente. Para filosofar se necesita la interrogación, la capacidad de preguntar, de cuestionarlo todo, de no suprimir, ni censurar nada por diferente o extraño que sea.

 

Como describe Torralba en su libro: Los maestros de la sospecha. Marx, Nietzsche, Freud, el filosofar es un «huésped inquietante», «un despertador mental que nos salva de la inercia de la razón, de la tendencia a recorre los mismos lugares y a circular por los mismos territorios». Es un estímulo intelectual y un compañero que nos exprime el pensamiento y de esta manera nos ayuda a ganar en autonomía y a convertirnos en mayores de edad.

 

Sal a pasear con un amigo, dos o tres y empieza un diálogo sobre temas fundamentales de los que no habláis nunca, temas como: dar un sentido a la vida, sobre la fe, sobre en que Dios creéis, sobre que tipo de espiritualidad vivís, etc... 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Disfrutar de lo espiritual en lo artístico (V)

El descubrimiento de lo espiritual en el arte, afirma la manifestación espiritual del artista. Lo espiritual está escondido en una obra artística, en una pintura, en una escultura, en la arquitectura y en toda manifestación de aquel que hace posible una obra. Lo bello y lo sagrado se sitúan en el mismo nivel de absolutidad y personificación.

Según Viktor Frankl una manera de dar sentido a la vida es a través de la creación o de la producción de una obra de arte, porque el artista expresa su mundo y su IES. «El arte es el lenguaje que habla al alma de las cosas que para ella significan el pan cotidiano, y que sólo se puede obtener en esta forma.»

 

La música despierta la emoción y estimula la inteligencia intrapersonal. El cultivo de la inteligencia musical excita el sentido del misterio y pertenencia al Todo. Es un potente antídoto al instinto individualista y egocéntrico. La música tiene la cualidad de expresar sensaciones, situaciones de alegría, de dolor. Para Kandinsky es la expresión de su mundo interior y Salvador Pániker manifestaba en una entrevista en un periódico: «No soy ateo porque existe la música de Bach».

 

Educar en el arte de la liturgia es otro de los elementos a cultivar para mejorar nuestra IES, hoy en día se hace más patente la sentencia de McLuhan «el medio es el mensaje». Muchas veces sacerdotes, religiosos y laicos se convierten en especialistas en criticar los gestos litúrgicos y por rebeldía negarse a realizarlos. Es importante que descubramos a diferenciar los distintos tipos o modos de oración, y los gestos que acompañan el acto litúrgico. Se deben practicar gestos ante los recuerdos y las presencias: de rodillas, de pie, inclinados, manos abiertas, rostro en tierra. La liturgia no quiere uniformar a las personas, pretende que con el cuerpo y la expresión corporal se pueda alabar a Dios y se entre en el Misterio de su presencia.

 

Los signos y gestos son vitales en la comunicación humana, los gestos impresionan más que las palabras, el gesto puede ayudar a mejorar el estado interior. Jesús, fue el gran gesto de Dios a la historia de la humanidad. El gesto es mucho más significativo que la palabra. Acudamos a una celebración y empecemos a observar y valorar todos los gestos realizados por el celebrante y por los asistentes, realizar estos gestos con sentido y vivamoslos desde nuestro interior.

Aprender a dialogar (VI)

El cultivo del diálogo socrático, desde un diálogo abierto al otro es como los antiguos maestros enseñaban a sus alumnos. Más los grandes maestros espirituales hablaban con sus discípulos a través del diálogo: Confucio, Buda, Jesús, Sócrates, etc. Dialogar es abrirse al otro, aprender a modificar los comportamientos, a rectificar las opiniones si hay que rectificarlas, es en definitiva una labor espiritual que trasciende las palabras, los gestos y los silencios; es una búsqueda de la verdad. En el diálogo se necesita conocerse a sí mismo para responder al otro.

En este diálogo es bueno «hacer teología» con las personas que nos rodean, ahondar sobre la visión que tenemos de Dios, que imágenes de Dios dibujamos en nuestro cerebro, esta es una de las claves que condicionaran el futuro de la madurez en la espiritualidad y religiosidad del adulto. Es importante «hacer teología» y hablar de Dios porque resulta imposible comprender el arte, la historia, la filosofía, la literatura, o las construcciones arquitectónicas o pictóricas sin la palabra «Dios».

«Hacer teología» no consiste en iniciar a las personas a la comunidad religiosa de fe, sino cuestionar, dialogar y aprender unos de otros, para una apertura mental, porque las personas están abiertas a la dimensión espiritual y trascendente. No se trata de presentar temas de filosofía y teología con los allegados, el objetivo es que la persona aprenda a liberar su pensamiento, que ordene los argumentos y exprese correctamente lo que sienta, piensa e imagina.

El hablar de la trascendencia y de Dios con los amigos activa la IES, pero también las otras inteligencias que nos propone Howard Gardner y Daniel Goleman, y habilita sobre conceptos básicos en la filosofía y la vida como: los valores de la verdad, la realidad, el ser, la belleza, el bien y el mal, el orden y la unidad. Es bueno abrir la mente al diálogo y al preguntar sobre qué es la realidad, qué cosas son las justas y por qué debemos ser justos. Ejercita de tanto en cuanto es diálogo y no tengas miedo ha «hacer teología» y hablar de Dios con tus compañeros, el cuerpo y la mente te lo agradecerán.

La experiencia de fragilidad y la aceptación de la muerte (VII)

La experiencia de la fragilidad es otra opción para mejorar nuestra IES. Delante de los sufrimientos  de la vida el ser humano se pregunta por el porqué de las cosas. En las situaciones límites se activa la IES. El ser maduro consiste en ser consciente de la propia fragilidad, en tener lucidez respecto a lo que uno es y abrirse al misterio de la trascendencia. La vulnerabilidad no es algo extraño al hombre pero la integración de ella en la persona ayuda a vivir honradamente con su «yo» y el mundo. Cuando alguien se da cuenta que no puede con todo y que la desgracia o lo inesperado puede llegar en cualquier momento a su vida se moviliza la IES.

Es bueno hablar de la muerte; en la sociedad actual se esconde todo aquello que hace referencia al propio traspaso. Esta es la pregunta del sentido de la vida. A muchos niños y jóvenes de nuestro entorno cultural se les oculta la muerte, y esta actitud produce una falta de integración de la finitud de la vida en su mente y una falta de honestidad con la persona. El niño al igual que el adulto se hace preguntas por todas las cosas que vive y experimenta, también se hace preguntas sobre la muerte y el más allá, necesita, imágenes, iconos y signos visibles para hacerse una idea de lo que va a suceder después de la muerte. Por tanto, se trata de no mentir a las personas sobre el concepto finito de la muerte.

 

Al igual que la muerte, la presencia de la enfermedad, provoca en las personas una alteración en la vida emocional, social y espiritual. La enfermedad suscita un proceso de introspección personal, y provoca una experiencia de fractura y ruptura del propio cuerpo. La enfermedad del hombre es una oportunidad para desarrollar la educación de la IES.

Practicar la meditación (VIII)

En el momento presente, la meditación es una práctica que está emergiendo con mucha fuerza en los países occidentales. Se están descubriendo los beneficios mentales, emocionales, físicos y también sociales y espirituales de estas prácticas.

La práctica de la meditación es otro de los elementos para mejorar nuestra IES, desde los diferentes significados que la palabra tiene y es usada, el fin fundamental es alcanzar la tranquilidad del alma, la paz de los sentidos y del cuerpo, el silencio interior y la plena integración en la naturaleza.

 

No hay que confundir el meditar con otra actividad como el pensar, reflexionar o valorar, la meditación consiste en conseguir que el flujo de pensamientos me lleve al bienestar; exige dominio de la propias emociones y sentimientos. Meditar es una de las pocas cosas que no se pueden hacer aceleradamente.

 

Con la meditación ejercitamos y sanamos el cuerpo, la mente y el espíritu. Nos hacemos más conscientes de cada parte de nuestro cuerpo, controlamos la respiración, serenamos la mente, escuchamos al silencio, exploramos los rincones y los límites de nuestra interioridad, y así hasta llegar a sentir deseos de unidad infinita y la presencia tangencial del fundamento último de la existencia.

El ejercer la solidaridad y la compasión (IX)

Cuando alguien practica la solidaridad lo hace porque se siente unido al otro, a sus dolores y sufrimientos. Este ejercicio proporciona la superación de barreras étnicas y culturales para abrirse al mundo. Cabe destacar que ser solidario no consiste en hacer una aportación económica sin más, implica una desposesión del ego y la superación de la dualidad. La solidaridad es salir de uno mismo, querer para los demás lo que quiero para mí.

La misma palabra solidaridad describe sentimientos, conductas, compasión, fraternidad, generosidad y compromiso, es decir ensancha el yo individual al ámbito del nosotros. Tanto la caridad como la gratuidad nacen de la compasión, ambas acciones se pueden considerar como una especie de respiración espiritual: la gratitud es cuando inhalas y recibes la energía otorgadora de vida; la caridad es cuando exhalas y la devuelves al entorno.

 

Aprender a amarse a uno mismo y a los demás, es la tarea más importante en la vida. Abrir los ojos y el corazón al amor de los demás, quizá es la mejor escuela de la vida. Desarrollar la capacidad de amar lleva a la persona a valorar la importancia de los sentimientos y a experimentar emociones de felicidad, alegría y gratitud relacionadas con el amor. Se sirve de la empatía, la solidaridad y el altruismo para conseguir sus fines. Educar en el amor es descubrir como se recibe un amor infinito de los padres, de los que le rodean y de Dios.

 

La compasión es una disposición del individuo que desea que sus semejantes se liberen del sufrimiento, lo cual va unido íntimamente a un compromiso activo para ayudarlos en esta tarea. Es un sentimiento, pero también una acción responsable

 

La estimulación de la compasión predispone a trabajar con las tres inteligencias: la IES (Inteligencia Espiritual), la IE (Inteligencia Intrapersonal) y la IS (Inteligencia Interpersonal). La IES predispone a la persona a unirse con los otros, la IE a expresar y canalizar sus emociones en bien del otro, y la IS permite establecer las relaciones con los demás individuos.

Ejercitar la práctica de la gratitud (X)

Agradecer los dones o favores que se reciben de los demás y de Dios es una práctica educativa muy interesante. Solo es capaz de practicar la gratitud aquel que es consciente de lo mucho que ha recibido de los demás, de sus padres, de sus maestros, de las instituciones, de la vida, de la naturaleza y de Dios.

 

Aprender a decir gracias no es sólo aprender una palabra, sino aprender a reconocer el valor de las acciones de los demás. Las personas por su condición de «ser social» en el mundo, reciben continuamente de los otros, es necesario abrir los ojos a ese don y vivirlo desde la alegría. Sabiendo que el creador de todo nos lo da todo sin pedir nada a cambio. Aprender a mirar el mundo con ojos agradecidos es tarea de la IES.

 

La reconciliación (XI)

Otro de los métodos para mejorar nuestra IES es el retorno al sacramento de la reconciliación. En la realidad de las personas se producen innumerables situaciones de conflicto, observemos la situación de muchos matrimonios y parejas, el saber pedir perdón y perdonar garantiza un desarrollo en la IES. Cultivar la reconciliación es aprender a perdonar.

En las situaciones de enfado o pelea que son algo habitual en las situaciones de los adultos es interesante percibir y sentir de una manera especial que cuando uno se enfada con los demás se rompe la armonía, la amistad y el cariño, y se siente triste. De esta manera también es importante que la persona experimente el gozo de la reconciliación, la vuelta a la amistad y al cariño.

 

Aprender a pedir perdón es una actividad que requiere el manejo de ciertas habilidades emocionales de las que hay que dotar al sujeto. Aprender a perdonar pone en juego la empatía y la habilidad en la conducta prosocial, la negociación y la resolución de conflictos.

 

El objetivo es descubrir la presencia de Dios, Padre que ama y siempre perdona, incluso con todo el mal que producimos a los demás y a uno mismo, y que invita ha hacer las paces. Educar en la reconciliación es una manera de experimentar la misericordia y el perdón de Dios.